Eso es lo peor que alguien puede decir de una persona. O de una marca.
Los publicistas, los de marketing, nos encargamos de contarle al mundo (bueno, sólo a algunos escogidos como target) lo maravillosa que es una marca, una asociación o un partido político.
La idea, el objetivo, es enamorar al potencial cliente. No sólo ha de gustarle nuestra propuesta, tiene que entusiasmar y mover a la acción.


